
Uno de mis primeros contactos con la historieta ha sido, decididamente, la revista Anteojito. Comencé a tomarle cariño a los dibujos, a los movimientos y el hecho que en cada número trajera una sorpresa, hacía que me ilusionara cuando llegaba el día en que salía y no perdía un minuto en recordarle a mi vieja que pasara por el kiosco de Don Arturo y la trajera al salir de su trabajo.
Si bien las sorpresas no eran muy "sorpresivas" que digamos, ya que en el número anterior se anticipaba lo que llegaría, la Editorial generaba una adrenalina especial en el niño que deseaba encontrarse con ése número. Y así como en este mismo sitio relaté cómo me fascinaba la historia de "Encuentros Cercanos del Cuarto Tipo", debo decir que cuando se anunciaba un "muñeco corpóreo", quien esto escribe se deleitaba y no veía la hora en que dicho muñeco llegara al hogar. Y luego llegó la serie en donde podíamos tener a los personajes principales del mundo de Don Manuel en nuestras manos.


La verdad que los muñecos que traía la revis eran realmente para sacarse el sombrero.
Ese plástico macizo que hacía que yo tuviera la permanente intención de hincar mis dientes allí, venía de diferentes colores no sólo los muñecos de cada número, sino que la misma serie de muñecos en sí. Es decir, podía venir un Petete verde, como rosado o naranja. Llegué a tener todos, pero lamentablemente conservé sólo el que está posteado hoy.

Mi vieja casa natal de la calle San Blas, mi vieja volviendo de su laburo con la revista y mi vieja rutina semanal de ansiar tener en mis manos una revista...
... y una sorpresa.
Gus